Extraño las pequeñas cosas que nos hacían felices, salir a caminar sin tener que cubrirnos la boca con tela y elástico. Pasear por el centro de la ciudad, observar esos hermosos edificios que cuentan la historia de una ciudad hermosa, de gente maravillosa; ver las calles rebosantes (quejarme del tráfico, lo extraño).
Salir y sentir la vida nocturna ahora es una epifanía. Mientras tanto, nuestros lunes y jueves se convierten en domingos interminables. Porque el encierro nos está diciendo que la verdadera libertad esta en los pequeños detalles, en los cuidados que debemos a la tierra y a nosotros mismos.
Extraño que todos podamos tener un “plan chido” para el viernes o el sábado, aunque sea ir al mall “a ver que hay”, darse una escapada el finde a “ranchear”.
Que la cuarentena no te amordace, seamos creativos. Si estas en home office de ocho a diez horas, date un momento para repensar si deseas hacer eso toda tu vida, si lo disfrutas como debe ser, si es lo suficientemente bueno para seguir haciéndolo los próximos cinco o diez años. Crea una rutina, tarde de yoga, lectura erótica o exótica; porque la “cuerpa” también pide, exige y merece… ¡date!
Intenta hacer ese postre que alguna vez viste en los canales de Youtube, donde parece que todo mundo tiene habilidades culinarias extraordinarias. Extraño ponerme de acuerdo “a última hora” con una amiga para ir a beber café. comernos una buena concha de chocolate mientras nos quejarnos de “los kilos de más”.
Extraño lo cotidiano y lo simple de nuestra vida antes de esta enorme sacudida. Después de esto, dejemos de hacerle daño a la tierra y a nosotros mismos. Extraño todo y a todos.